En 2025, los mercados emergentes experimentaron un auge sin precedentes, con rendimientos que eclipsaron a las economías desarrolladas y redefinieron las expectativas de los inversores.
Este fenómeno no es casual, sino el resultado de fuerzas macroeconómicas complejas que pueden tanto impulsar como frenar el crecimiento.
Comprender estos factores es clave para navegar las oportunidades y riesgos que se avecinan en 2026 y más allá.
Los mercados emergentes registraron rendimientos excepcionales en 2025, con bonos en moneda local alcanzando un +18% y acciones un +26%.
Este desempeño superó al de Estados Unidos por primera vez desde 2017, marcando un cambio significativo en el panorama financiero global.
La brecha de rendimientos entre los bonos emergentes y los Tesoros de EE.UU. se redujo a su mínimo en 11 años, mientras que las estrategias de carry trade generaron los mejores beneficios desde 2009.
Estos números no solo reflejan momentum temporal, sino un fortalecimiento estructural que está atrayendo capital global.
Varios elementos clave están alimentando el auge de los mercados emergentes, creando un entorno favorable para la inversión.
Las reformas domésticas han sido fundamentales, con países implementando políticas dolorosas pero necesarias.
La debilidad del dólar ha sido otro motor crucial, con una caída del 8% en 2025 que impulsó activos emergentes.
Esta depreciación estructural favorece flujos de capital masivos y la apreciación de divisas locales, atrayendo inversión en deuda.
La diversificación y los flujos de capital también juegan un papel, con ETFs de acciones emergentes captando US$31.000 millones en 2025.
Esto refleja un sentimiento optimista, respaldado por encuestas como la de HSBC que muestran máximos históricos.
El crecimiento regional, especialmente en Asia, aporta dinamismo con programas como "Value Up" en Corea del Sur.
Exportaciones tecnológicas y demanda local están impulsando beneficios empresariales, con un crecimiento del +17,2% que supera a EE.UU. y Europa.
A pesar del optimismo, existen factores macroeconómicos que podrían ralentizar o revertir las ganancias.
Los riesgos desde Estados Unidos son significativos, con una posible recesión que causaría salidas de capital.
China presenta desafíos, con un ciclo deflacionista que exporta exceso de capacidad y presiona industrias locales.
Aunque su expansión es estable, la débil demanda interna compensa las ganancias en sectores como alta tecnología e IA.
La geopolítica y la fragmentación global son amenazas crecientes, en un mundo menos integrado con cadenas de suministro regionalizadas.
El posicionamiento bajo de los inversores, con flujos relativamente pequeños en 2025, hace que los mercados sean vulnerables a correcciones.
Analizar ejemplos específicos ayuda a comprender cómo las políticas macroeconómicas moldean los resultados.
La siguiente tabla resume datos clave por región, mostrando impulsores y riesgos en 2025-2026.
Estos casos demuestran que las decisiones políticas audaces pueden transformar economías, pero también resaltan la dependencia de factores externos.
Las proyecciones para 2026 son prometedoras, con rentabilidades esperadas en deuda local que podrían alcanzar un +18%.
JPMorgan estima entradas de US$50.000 millones a fondos de deuda emergente, reflejando confianza en el carry trade.
El crecimiento del PIB global se proyecta en un 3,0% en 2026, ligeramente inferior al 3,3% de 2025, pero con mercados emergentes impulsados por políticas laxas y un dólar débil.
Sin embargo, los inversores deben estar atentos a los riesgos. Citigroup sugiere enfocarse en mercados emergentes resistentes, dada la posibilidad de un rebote del dólar si la Fed recorta menos tipos de lo esperado.
Expertos como Bob Michele de JPMAM destacan que la deuda local emergente combina revalorización, carry y apreciación de divisas.
Los mercados emergentes se encuentran en un momento crucial, equilibrados entre oportunidades sin precedentes y riesgos significativos.
La combinación de reformas domésticas, un dólar débil y flujos de capital está creando un entorno propicio para el crecimiento.
Sin embargo, factores como la incertidumbre en EE.UU., la deflación china y la geopolítica requieren cautela.
Para los inversores, la clave es adoptar una estrategia diversificada, enfocándose en países con fundamentales sólidos y políticas claras.
Como resume Elina Theodorakopoulou de Manulife, es una mezcla de buenas políticas y buena suerte, pero con resiliencia mejorada ante shocks.
Al final, comprender cómo la macroeconomía impulsa o frena estos mercados permite tomar decisiones informadas y aprovechar la ola de cambio global.
Referencias